lunes, 16 de enero de 2012

Allá en la Patagonia

Este libro cuenta la historia de una familia alemana que en 1923 se traslada a vivir a una estancia en la Patagonia, en la que el padre trabaja como administrador.

 
El relato de esta aventura se cuenta a través de las cartas que Ella Hoffman intercambia con su madre.
Las carta fueron recuperadas por la hija mayor maría Brunswig, autora del libro.


Lo que más me gustó fué como vivían de forma casi autosuficiente, comiendo del ganado que se criaba en la estancia. Se explican con bastante detalle muchas de las actividades diarias de la casa, como desollar una res. La convivencia con los fuertes vientos de estas regiones, que llegaban a ser insoportables en el invierno y la alegría de la llegada de la primavera.


Lago Ghío, 4 de marzo de 1923

Querida Mutti:

Hoy hace quince días que arribamos a la estancia, y recién ahora encuentro un rato libre para darte noticias de nosotros. El viernes 16 de febrero, a las siete de la mañana, partimos de San Julián. Viajamos en dos autos; en el camión iban las valijas, tres cajones grandes y el resto del equipaje. 
La travesía comenzó con buen tiempo y viento moderado, para lo que es la Patagonia. Durante el primer día el paisaje se presentaba más bien llano, una pampa inmensa salpicada de matitas de pasto y matorrales de calafate. El camino, por cierto, no es lo que en Alemania entendemos por tal: lo marcan las huellas de las enormes carretas que transportan lana desde las estancias al puerto. A veces las huellas se ven nítidas y parejas, a veces son tan profundas que una no se explica cómo el pequeño auto brinca y serpentea por ellas. Los esqueletos de caballos, vacunos y ovejas señalan también el camino. Al principio me impresionaron. Los libros de Sven Hedin y otros viajeros exploradores mencionan esas osamentas, pero me resultaba difícil imaginarlas. La blancura de algunos esqueletos es tal que parecen irreales, sobrecogedores.

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